Historias de Éxito

Historias de Éxito

Encuentra tu Media Naranja


dorinha67 e felipos10
¡Hola! Soy Dora, tengo 52 años, comisaria de policía jubilada, divorciada hace 21 años. Edgar, 61 años, militar reformado, viudo desde agosto de 2004, tras un matrimonio feliz de 35 años. Buscábamos reconstruir nuestras vidas y queríamos una relación seria.

Intercambié e-mails con varios candidatos. Llegué a conocer personalmente a 3 de ellos, pero no me fue bien. Ya estaba casi renunciando cuando a fin de octubre de 2004 vi el nuevo perfil de felipos10, que todavía estaba incompleto, y de entrada algo dentro de mi corazón me decía que le diera la bienvenida y le deseara suerte en su búsqueda. Lo invité a conocer mi perfil, aunque yo no era evangélica como él lo deseaba. También me di cuenta de que discriminaba a las divorciadas y le pedí que no me juzgase sin conocer la historia de mi separación. Como era un caballero, me contestó pero no me daba esperanzas. Seguí escribiéndole. Cuando finalmente vi su foto, sus ojos me llamaron mucho la atención. Sabía que ya había visto aquellos ojos, por detrás de unas gafas de aros oscuros en un sueño, hace más de 5 años. Pese a que recibía mis e-mails con mis números telefónicos, no me llamaba (inclusive llegó a rechazar mi invitación para salir o para caminar por un parque). Estuve a punto de apartarme definitivamente.

Por lo general, ingresaba al sitio Web varias veces al día, sólo para mirar su foto e intentar descifrar mi interés por aquellos ojos. Una vez charlamos en CharlaenDirecto y a partir de ahí la cosa quedó más difícil, pues me veía presumida, petulante, ¡no sé que más! Le escribí diciendo que no me tranquilizaría hasta que pudiera cambiar la imagen que él había formado a mi respecto. Entonces empecé a enviarle mensajes de e-mails. Fue cuando recibí un e-mail en el que me comunicaba que conocería a una brasileña evangélica que estaba por llegar de los EE.UU. Le agradecí su sinceridad y franqueza. Le comuniqué que también me iría, ya que no se interesaba por mí aquel que a mí me interesaba. Le deseé felicidades a los dos.

Días después me escribió, demostrándome una inmensa insatisfacción por los contactos que había realizado. ¡Creía que en el sitio sólo había gente falsa y mentirosa! ¡Le respondí que no era cierto! Le dije que en el sitio había personas serias y de valor, que realmente buscaban a su pareja perfecta. ¡Y que en realidad teníamos mucho MIEDO! Él había sido muy feliz en su primer matrimonio y yo, en cambio, no lo había sido.

Era el día 08/12/04 y, como siempre, esperaba alguna respuesta de felipos10. Ya era tarde cuando, una vez más busqué su respuesta en el sitio y no encontré nada. Ya estaba por darle la espalda a la computadora cuando me llamó a CharlaenDirecto. ¡Por poco, casi pierdo mi oportunidad!

Sus frases demostraban su inmensa depresión, me dijo que había llorado mucho aquella tarde con mi último e-mail y que había pasado toda la tarde sin ganas de levantarse de la cama, de tanta depresión que tenía. Me preguntó: "¿soy el hombre de tu vida? Sin darme cuenta de la responsabilidad de mi respuesta, ¡algo dentro de mí le contestó que sí! Me preguntó cómo lo podría saber. Le respondí que las "campanas de mi corazón" latían por él desde el día que había leído su perfil por primera vez y que le había enviado el primer e-mail.

Marcamos para ir al cine. Lo esperé en la puerta de mi casa. Me dijo que se enamoró de mí en el mismo instante en que me vio. Hacía mucho tiempo que ya estaba enamorada. Cuando le conté que lo había visto en un sueño, pero con gafas de aros oscuros y cuadrados, me dijo que era el modelo que usaba antes, lo que pude comprobar por fotos antiguas.

La semana siguiente viajamos y le pedí su mano en matrimonio. Y él me pidió la mía. Cuando volvimos, el 17/01/05, fuimos a un registro civil y el 25/02/05 celebramos nuestra unión.

Vivíamos a menos de 5 Km de distancia uno del otro. Nunca nos habíamos visto y, si no fuera por Meetic, no nos habríamos conocido. Pudimos contar con la ayuda de mucha gente. Ni hace falta decir que fue una bendición de Dios, ¿no?

Gracias y les mando muchos besos.
Dora y Edgar Ervilha


Más Historias